sábado, 13 de noviembre de 2010

=(

Las personas nos sentimos incómodas al ver a alguien llorar. Sobretodo si es alguien desconocido que nos acompaña en los espacios públicos. O tal vez no nos incomodan, sólo que no sabemos reaccionar.


Recuerdo hace aproximadamente 2 meses un amigo que escribió sobre eso. Sólo una mirada de pena de alguien misericordioso que quisiera ayudar, pero no hace nada más. La misma semana en que lo leí, me pasó que me puse a llorar en el metro. Aunque no iba sola, esa sensación de que los demás se apartan de ti es horrible. Bien saben las personas que me conocen que siempre lloro sola, siempre niego lo que me pasa. Si me preguntan, siempre digo que no pasa nada. Si vuelven a insistir, vuelvo a decir lo mismo. Si no me creen, siempre existe una lista de excusas lista a decir: que tengo sueño, que estoy desconcentrada... Una lista que tiene un orden determinado a pasar de un argumento a otro como si yo fuera un programa computacional que pasa de un comando a otro. Todo con el fin de no representar que me pasa ¿Para qué? Antes por orgullo. Ahora porque las cosas que me afectan no son importantes. Porque no me gusta molestar a las personas. Y aún así, hay veces en que no puedo ocultar nada, como esa vez en el metro. Mi acompañante se tuvo que bajar en un par de estaciones más, y cuando quedé sola, ese vacío que te hacen las personas hace que no hagas contacto visual con nadie y desees desaparecer de ahí rápidamente.


Anoche cuando me despedí de mi amigo en la combinación del metro, y debía seguir sola me dieron ganas de llorar. Pero me controlé. Quedaban pocos minutos para llegar a mi casa. Pero el peso del mal día que había tenido me superó en le momento en que me acosté agotada. tal vez, después de todo no es malo representar que te sientes mal. Pero sería más fácil si todos no fuéramos tan individualistas.





miércoles, 10 de noviembre de 2010

Transformación

"Los sueños pueden hacerse realidad si lo deseas tanto como para ir tras ellos..."


Era el primer nick que ocupaba en msn hace ya varios años. Una frase de Walt Disney, que ocupaba aún en esa vida infantil y optimista. Era el comienzo de una nueva etapa, donde podría mejorar y poder cumplir esos sueños de ser feliz. Las cosas no iban mal. ¿Iban bien? No!!!.... No, sólo que no iban mal... pasarían un par de meses antes de que esa respuesta cambiara radicalmente.


Existían tanto planes para hacer. Poder seguir actuando, o empezar nuevamente en el baile. Interesarse por las ciencias, por los misterios, por las diferentes y fascinantes historias. Descubrir tantas cosas. Y tener tanto tiempo para buscar, para encontrar, para entender y llegar finalmente a un objetivo claro de vida.


Y pasadas varias semanas, varios meses, los intentos iban disminuyendo sin darse cuenta de las consecuencias. Todo seguía normal, cualquier cosa que alterara de alguna manera negativa a su vida, parecía no importarle. Seguía convencida de que estaba bien, y era feliz. Seguía convencida de que todo le daba igual. ¿Seguro que no sientes pena por nada?


"El valor de un hombre se mide por su capacidad de exteriorizar lo menos posible su tristeza".... algo había cambiado.