Las personas nos sentimos incómodas al ver a alguien llorar. Sobretodo si es alguien desconocido que nos acompaña en los espacios públicos. O tal vez no nos incomodan, sólo que no sabemos reaccionar.
Recuerdo hace aproximadamente 2 meses un amigo que escribió sobre eso. Sólo una mirada de pena de alguien misericordioso que quisiera ayudar, pero no hace nada más. La misma semana en que lo leí, me pasó que me puse a llorar en el metro. Aunque no iba sola, esa sensación de que los demás se apartan de ti es horrible. Bien saben las personas que me conocen que siempre lloro sola, siempre niego lo que me pasa. Si me preguntan, siempre digo que no pasa nada. Si vuelven a insistir, vuelvo a decir lo mismo. Si no me creen, siempre existe una lista de excusas lista a decir: que tengo sueño, que estoy desconcentrada... Una lista que tiene un orden determinado a pasar de un argumento a otro como si yo fuera un programa computacional que pasa de un comando a otro. Todo con el fin de no representar que me pasa ¿Para qué? Antes por orgullo. Ahora porque las cosas que me afectan no son importantes. Porque no me gusta molestar a las personas. Y aún así, hay veces en que no puedo ocultar nada, como esa vez en el metro. Mi acompañante se tuvo que bajar en un par de estaciones más, y cuando quedé sola, ese vacío que te hacen las personas hace que no hagas contacto visual con nadie y desees desaparecer de ahí rápidamente.
Anoche cuando me despedí de mi amigo en la combinación del metro, y debía seguir sola me dieron ganas de llorar. Pero me controlé. Quedaban pocos minutos para llegar a mi casa. Pero el peso del mal día que había tenido me superó en le momento en que me acosté agotada. tal vez, después de todo no es malo representar que te sientes mal. Pero sería más fácil si todos no fuéramos tan individualistas.