lunes, 30 de agosto de 2010

libertad

Después de juntarme con mis amigas del colegio, y despedirme de la Isa, fui a la plaza que quedaba a 20 minutos de mi casa. Eran las 18.53 de la tarde y hacía calor. Era un día distinto todos los demás. Yo había estado miles de veces en esa plaza, sentada en el mismo lugar. He estudiado y hecho tareas ahí. He arreglado mi propio mundo a los pies de ese árbol. He llorado todas las penas que me han afectado, imaginado todas las opciones posibles, y el mismo viento del lugar siempre me ha tranquilizado. Una vez más estuve sola conmigo misma en silencio. Conocía muy bien este lugar y ahora todo era distinto. Mi vida ya había cambiado. El mismo árbol parecía decirme que no me reconocía sin la polera gris ni la falda cuadrillé. Así como había guardado mi uniforme para tenerlo de recuerdo, había guardado los sentimientos de esa otra etapa. Ya no tengo nada más que hacer allá, pues no sacaría nada con pasar el resto de la tarde en esa plaza como antes solía hacerlo una vez por semana. No esta vez. Ahora sólo necesitaba regresar.


Aún así, no me devolví enseguida. Me quedé ahí observando, y era exactamente como la primera vez que había ido, un día de verano, de vacaciones. Era como una despedida. Y entonces me sentí libre.

2 comentarios:

  1. mm me recordaste que yo tbn guardo la ropa que usaba en el cole... y mi cotona blanca totalmente rayada aaaaaaaaa!!... odio los recuerdos...wenu... algunos xD!

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