viernes, 17 de septiembre de 2010

Comienzo

El día anterior había sido especial. Ella recién había despertado y seguía sorprendida pensando en lo ocurrido. Pues el día anterior, a las 5 de la tarde había tenido clases, y más allá de lo que ella misma denominaría como “mini-flasbacks”, no había tenido tiempo para analizar. Mientras se levantaba, desayunaba, se preparaba para ir a la universidad, pensaba en él. En el metro, camino a sus clases, seguía repasando la hora y media con la que había compartido con él, con quien había podido confesar uno de los mayores secretos que la estaba matando. Se cumplía un mes desde el día en que se conocieron. Tantas cosas habían cambiado en tan solo un mes. Y seguían cambiando, cada hora, cada minuto, cada segundo.


El mismo saludo repetitivo fue distinto. Existía complicidad. Una nueva mirada. Ella sintió que sus emociones ya no podía controlarlas como lo había hecho hasta ese instante. Después de muchos meses de análisis, de control y de represión, su racionalidad estaba dejándose aplastar por sus sentimientos.


Fue una jornada normal, clases sólo de ayudantías, donde te puedes sentir menos presionado al tener sólo la presencia de un alumno que te está enseñando. Los comentarios que se decían mutuamente mostraban que, aunque aún no se habían dicho nada directamente, los 2 sabían exactamente qué había estado pasando desde el día anterior. Ella sólo tenía en mente que se acabaran las clases y se sentía dominada por el nerviosismo de que sólo fuera una ilusión.


Al regreso de la universidad, ya cerca de sus casas, fueron a la plaza que quedaba cerca del metro. Los 2 sentados, así como el día anterior, seguían hablando sin saber exactamente qué pasaría, qué es lo que cada uno haría, cómo reaccionarían. Hasta que en un momento, él dijo en un tierno abrazo, las 3 mágicas palabras que quedarían grabadas en la memoria de ella para siempre.


Esas 3 palabras que hacen que sus corazones tengan un nuevo ritmo por el nerviosismo de la situación; que cambien la relación entre 2 personas, que cambie su forma de tratarse entre sí.


Eran las 4.00 de la tarde. La misma hora en la que se habían conocido un par de semanas atrás. Y ella estaba feliz. En un acto de impulsividad irracional, terminaron juntando sus labios por primera vez.


Él la fue a dejar a su casa. Su día juntos terminaba, mas empezaba una relación de miles de alegrías. La relación más importante que ella tendría.

1 comentario:

  1. AAAAAWWWWwwwWwwww eso es muy tiernooooooooooooooo xD!
    en mi escala de ternura de 1 a 10... esto superó al GAtitoooooooo!!! :)
    muy lindo de veras.

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