Nunca escuché algún ruido esa mañana. El viento parecía ya no tener historias que contarme. Las hojas caían al pasto sin estar secas de los árboles que eran todos iguales. No había ni una sola ave que pudiera escuchar. Todo estaba en un completo silencio, como muchas veces la mayoría de las personas ha querido estar. Era perfecto. Demasiado perfecto.
Empecé a caminar para ver en qué punto terminaba. De a poco la cantidad de árboles se iba reduciendo hasta que ya no había ninguno. Sólo existía mucho pasto que parecía extenderse infinitamente. Seguí caminando casi toda la mañana sin tener ninguna referencia de ubicación. De lejos vi un árbol que me llamó la atención. Era un álamo. No era cualquier álamo, era igual al que estaba en frente de donde vivía antes. ¿Podía ser que fuera exactamente el mismo? Parecía ahora ser más pequeño, o sería mi perspectiva que tenía del árbol cuando era niña. Empezó una ligera brisa nuevamente, y ahí sentí el primer sonido después de horas. Era igual a como lo recordaba, esas tardes de verano en que me sentaba en la terraza a ver como el álamo se movía y sonaba como si fuera una suave lluvia. Me tranquilizó esa brisa que me recordaba esos tiempos donde todo era más simple. Me acerqué, y apenas me apoyé en él, la brisa se convirtió en un viento mucho más fuerte. Cerré los ojos, y al volver a abrirlos, el sol había ya cambiado de posición.
Decidí volver a caminar antes de que se me acabara el día. Me despedí del álamo, como no pude hacerlo antes cuando de un día para otro lo cortaron, y seguí adelante. Encontré pronto otro árbol con hojas de color morado oscuro, más pequeñas y alargadas. Era como un árbol de invierno, que representaba un aire frío. También ya había visto a ese árbol, pero no logré recordar su nombre. Estaba a una cuadra de donde vivía, en esas calles que uno toma como atajos para llegar de forma más rápida a la calle principal. Volví a caminar una media hora más, hasta llegar donde había un eucalipto, un poco torcido, algo descuidado. Y el verlo me dio una gran felicidad. El contraste entre los 2 árboles, tan distintos entre los 2, tan distantes uno del otro generaba una combinación que me cautivó.
Se estaba haciendo de noche. Ya tenía que regresar, pero no recordé el cómo volver. Empecé a caminar en dirección donde estaba el álamo. Pero después de un tiempo volví a encontrar con el eucalipto. Y al intentarlo, de nuevo volví hacia él. Como estaba perdida, y antes de desesperarme, decidí quedarme ahí hasta el otro día, no había nadie que me pudiera prohibir eso, y a nadie le preocuparía si no llegaba ese día.
El cielo tenía un color morado, como cuando está nublado, pero se veían las estrellas. Se veían muchas más de las que alguna vez había visto, generaban un brillo especial sobre el campo. No había oscuridad, podía distinguir todo claramente. Me sentí muy cansada, como esos días en que pasaba 16 horas fuera de mi casa, me quedé dormida pensando en cómo regresar… y si de verdad quería regresar.
Desperté cuando estaba amaneciendo. De a poco las estrellas desaparecían, algunas por la luz de día, otras por las nubes que empezaban a cubrir el cielo. Me quedé perdida mirando hacia arriba, y por primera vez no vi que las nubes estuvieran pasando sobre mí, sino que yo me estaba moviendo. Era muy relajante, pero sentía que no debía quedarme. Sentía inquietud por seguir caminando y ver qué encontraría.
Me despedí del eucalipto, y solo empecé a seguir de donde parecía venir la luz del sol. Luego de caminar horas, me pareció ver un punto morado en una especie de meseta. Era extraño y emocionante poder ver otro color distinto al verde. Al llegar hasta allá, vi a la flor. Una flor de color morado, muy pequeña. Pero que sus pétalos eran cilíndricos, como si hubieran enrollado cada pétalo para formar distintos tubos alrededor del centro generando un estilo parecido al de una margarita. Por adentro de cada cilindro el pétalo era amarillo, por lo que la flor parecía ser, si uno la miraba rápidamente, como si fuera muy simple, púrpura y con las puntas amarillas.
Me dio mucha felicidad estar en ese momento ahí. No se escuchaba ningún ruido de nuevo, y no podía saber cuánto tiempo llevaba ya contemplando la flor. Entonces miré alrededor, y me sorprendí al ver todo el campo lleno del mismo tipo de flor. En el horizonte además vi la silueta del álamo moviéndose por el viento, como si me estuviera saludando.
Es aquí a donde pertenezco.
Como no me gusta facebook para comentarte el post te lo comento acá :P
ResponderEliminarComo siempre me gusta muchooooooooooooo!!!!!!!!!!
pero eso si, espero que actualices mas seguido tu blog, yo actualizo el mio la próxima semana (por fin sacaré la historia de investigación) :D
Asi qe la proxima semana tendrás que leer la mia (he pensado seriamente en escribir cosas mas cortas, porque al final si quiero escribir algo largo me demoro mucho en subirlo :P)
Pero concluyo repitiendo que me gusto muchoooooo y actualiza mas seguido!!!!! :D
Luis Linco Luchsinger
(Pongo mi nombre ya que me dio flojera registrarme xD)