jueves, 20 de febrero de 2014

Morado

Su cabello era rubio claro. Sus ojos pardos. Tenía una obesión por las tonalidades violetas. Todas sus cosas siempre tenían algun tono lila. Todo combinaba. Un día incluso se hizo mechas en su pelo de ese color. Al principio le costó, era un cambio gradual, pero drástico. Sin embargo, de a poco se fue acostumbrando hasta que un par de meses después, su pelo se volvió completamente morado. Se sentía mucho más cómoda así que con su verdadera apariencia. Tenía mucho cuidado siempre de la combinación de su vestimenta, sus cosas, sus accesorios . Cada detalle estaba siempre cuidadosamente pensado. La selección de cada cosa, para que coincidiera de buena manera era precisa y coherente. Aunque todo fuera del mismo tono, y se creyera que todo podía funcionar bien con todo, ella sabía que un simple detalle podría hacer que funcionara mal, que todo se derrumbara. Las personas no sabían de eso, pues para ellas, pasaba por alto aquellos detalles y era muy normal que ella siempre estuviera así y les gustaba la felicidad que siempre irradiaba y que encontraban que se materializaba en ese color. Era normal. Nunca se cuestionaron si existía algún motivo detrás de todo eso o si tal vez podía ser diferente. 



Un día se olvidó de colocar la pulsera que correspondía. Se desestabilizó un poco, pero luego se tranquilizó pues los demás no tenían por qué darse cuenta. Y aunque era algo bastante obvio, parecía pasar desapercibido. Otro día usó un lápiz diferente. Y otro una cartera que no debía ser usada todavía. Algo estaba cambiando en ella que hacía que se descuidara de esas cosas tan importantes, pero no podía entender que era. Una tarde, perdió uno de sus cuadernos en alguna de las salas. Estuvo varios minutos recorriendo hasta que llegó al lugar donde lo había dejado. Estaba encima de un sillón, siendo levantado por un hombre que al momento de tomarlo se le ocurrió hacer lo que nunca nadie había hecho: abrirlo. El cuaderno por dentro no era morado, era amarillo, del mismo tono que su cabello natural. Todo se deshizo en ese instante. Él, que tenía el cuaderno en sus manos, pudo observar que todas las cosas de ellas tomaban un color distinto, generando una gama muy variada de matices. Sus cosas eran algunas muy coloridas, otras más grises. Sin embargo, para las demás personas todo seguía igual. Su imagen, ese color morado que tanto había cuidado por largo tiempo, se había ido y sólo él en ese momento podía ver cómo era ella realmente.



Con una sonrisa él cierra el cuaderno, haciendo que todo vuelva a ser como antes. No se lo devuelve. Ella no se lo pide. Así puede ver su verdadera apariencia cada vez que él quiera.


No hay comentarios:

Publicar un comentario