Su cabello era rubio claro. Sus ojos pardos. Tenía una obesión por
las tonalidades violetas. Todas sus cosas siempre tenían algun tono
lila. Todo combinaba. Un día incluso se hizo mechas en su pelo de ese
color. Al principio le costó, era un cambio gradual, pero drástico. Sin
embargo, de a poco se fue acostumbrando hasta que un par de meses
después, su pelo se volvió completamente morado. Se sentía mucho más
cómoda así que con su verdadera apariencia. Tenía mucho cuidado siempre
de la combinación de su vestimenta, sus cosas, sus accesorios . Cada
detalle estaba siempre cuidadosamente pensado. La selección de cada
cosa, para que coincidiera de buena manera era precisa y coherente.
Aunque todo fuera del mismo tono, y se creyera que todo podía funcionar
bien con todo, ella sabía que un simple detalle podría hacer que
funcionara mal, que todo se derrumbara. Las personas no sabían de eso,
pues para ellas, pasaba por alto aquellos detalles y era muy normal que
ella siempre estuviera así y les gustaba la felicidad que siempre
irradiaba y que encontraban que se materializaba en ese color. Era
normal. Nunca se cuestionaron si existía algún motivo detrás de todo eso
o si tal vez podía ser diferente.
Con una sonrisa él cierra el cuaderno, haciendo que todo vuelva a ser como antes. No se lo devuelve. Ella no se lo pide. Así puede ver su verdadera apariencia cada vez que él quiera.
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