domingo, 15 de diciembre de 2013
Enfrentamiento
lunes, 13 de febrero de 2012
Para Fabián Rodrigo Mennert Aranda
Por alguna razón sentí que debía hoy escribir hacia ti. Nunca es fácil enterarse que una persona que conociste ya no está en este mundo. Ese día que supe la noticia, era de noche como ahora, y quedé impactada. Recuerdo que al otro día le conté a mi mamá, quien aún te reconocía y sintió el mismo shock. No pude ir al velorio ni a tu funeral. Y no pude de terminar de escribir lo que sentía en ese momento, porque todavía no asimilaba bien.
Fue una noticia impactante, pero es ahora después de 2 meses que me doy cuenta que me afectó mucho más de lo que creía. Resultó que a pesar que nunca fuimos amigos cercanos, terminaba en algún momento del día pensando en ti y esperando que estuvieras bien en el cielo. Debes saber, o eso creo, que dediqué oraciones por tu alma, por tu familia y personas cercanas que sufren porque no estás aquí. Eras una persona muy alegre, y hubo varias cosas que vivimos juntos en el colegio, cuando nos sentábamos juntos y hacíamos trabajos y a muchísimas personas nos diste momentos que no olvidaremos. Espero que puedas leer esto, Fabián. Rezo por tu alma, y como ya dije, te sigo recordando casi todos los días a pesar de que no hablamos más desde que nos graduamos.
Esto te lo dedico a ti y a las personas más cercanas como tu familia y amigos. Quién sabe, tal vez alguien en un par de minutos o años googleen tu nombre, y aparezca este escrito de alguien desconocido. Es el mínimo apoyo, hasta ahora invisible, que puede darles una persona anónima como yo, que compartió la enseñanza media contigo, que te quiere y te recuerda.
Que en paz descanses Fabián
viernes, 22 de julio de 2011
Noche de Confesiones
Confieso que olvidé la ruta de acceso a mis archivos personales.
Confieso que quemé y borré la mitad de las cosas que alguna vez escribí. Por miedo a que pudieran encontrarlas, tal vez reírse, que se propagaran. Miedo a que no lo percibieran como yo lo hacía.
Confieso que siempre miento. Agrego un poco de ficción, que no hace daño ni cambia el sentido de los hechos, a la realidad. Siempre tengo alguna mentira preparada cuando a veces se nota que me siento triste. Siempre tengo la excusa tras la excusa que no resulta a veces cuando se nota que me siento triste.
Confieso que tanto mentir me ha llevado a actuar de una forma diferente. Paso días teniendo una máscara perfectamente hecha, a veces tengo la máscara a medio hacer. Otras veces sólo es maquillaje que logra encubrir cómo reacciono o qué siento.
Confieso que no se aconsejar. No se me ocurre como dar ánimo, como guiar a otra persona. Sólo puedo estar apoyando a las personas.
Confieso que soy muy dura conmigo. Tiendo a criticarme mucho y a tener pánico de ser una mala persona. Pienso demasiado cómo debería ser, cómo debí haber sido, y porque no soy como quiero.
Confieso que me complico por tonteras.
Confieso que soy muy observadora. Me fijo y recuerdo a veces detalles sin sentido o también importantes signos que no puedo dejar de percibir. Confieso al mismo tiempo que me hago la tonta y no demuestro conocer más de lo normal.
Confieso que me cuesta mucho (mucho mucho) confiar en alguien. Tiendo a mantener distancia con las personas, tener miedo de cómo son, de si no engañan (algo inconsecuente considerando que a través de mis máscaras yo también engaño) Tengo miedo principalmente de saber si revelan secretos, si de verdad callan cuando dicen que lo hacen.
Confieso que no me gusta aceptar ayuda y trato de enfrentar mis problemas sola.
Confieso que he llorado cuando hablo con otras personas por internet sin decirles. Es una de las magias de no poder ver al otro en el momento en que hablas.
Confieso que hay veces en que me encierro en la fantasía y no tengo contacto con la sociedad. No salgo de mi casa, encuentro nuevas historias que leer y que ver.
Confieso que me da pena que la mayoría de las personas me habla sólo por interés. Para saber de alguien más, por un favor específico.
Confieso que todo lo que publico en el blog pasa por tres filtros personales.
Confieso que esta noche recordé la ruta de acceso a mis archivos personales.
lunes, 11 de julio de 2011
Roulette
domingo, 12 de junio de 2011
Allunyament
martes, 3 de mayo de 2011
My land!
Nunca escuché algún ruido esa mañana. El viento parecía ya no tener historias que contarme. Las hojas caían al pasto sin estar secas de los árboles que eran todos iguales. No había ni una sola ave que pudiera escuchar. Todo estaba en un completo silencio, como muchas veces la mayoría de las personas ha querido estar. Era perfecto. Demasiado perfecto.
Empecé a caminar para ver en qué punto terminaba. De a poco la cantidad de árboles se iba reduciendo hasta que ya no había ninguno. Sólo existía mucho pasto que parecía extenderse infinitamente. Seguí caminando casi toda la mañana sin tener ninguna referencia de ubicación. De lejos vi un árbol que me llamó la atención. Era un álamo. No era cualquier álamo, era igual al que estaba en frente de donde vivía antes. ¿Podía ser que fuera exactamente el mismo? Parecía ahora ser más pequeño, o sería mi perspectiva que tenía del árbol cuando era niña. Empezó una ligera brisa nuevamente, y ahí sentí el primer sonido después de horas. Era igual a como lo recordaba, esas tardes de verano en que me sentaba en la terraza a ver como el álamo se movía y sonaba como si fuera una suave lluvia. Me tranquilizó esa brisa que me recordaba esos tiempos donde todo era más simple. Me acerqué, y apenas me apoyé en él, la brisa se convirtió en un viento mucho más fuerte. Cerré los ojos, y al volver a abrirlos, el sol había ya cambiado de posición.
Decidí volver a caminar antes de que se me acabara el día. Me despedí del álamo, como no pude hacerlo antes cuando de un día para otro lo cortaron, y seguí adelante. Encontré pronto otro árbol con hojas de color morado oscuro, más pequeñas y alargadas. Era como un árbol de invierno, que representaba un aire frío. También ya había visto a ese árbol, pero no logré recordar su nombre. Estaba a una cuadra de donde vivía, en esas calles que uno toma como atajos para llegar de forma más rápida a la calle principal. Volví a caminar una media hora más, hasta llegar donde había un eucalipto, un poco torcido, algo descuidado. Y el verlo me dio una gran felicidad. El contraste entre los 2 árboles, tan distintos entre los 2, tan distantes uno del otro generaba una combinación que me cautivó.
Se estaba haciendo de noche. Ya tenía que regresar, pero no recordé el cómo volver. Empecé a caminar en dirección donde estaba el álamo. Pero después de un tiempo volví a encontrar con el eucalipto. Y al intentarlo, de nuevo volví hacia él. Como estaba perdida, y antes de desesperarme, decidí quedarme ahí hasta el otro día, no había nadie que me pudiera prohibir eso, y a nadie le preocuparía si no llegaba ese día.
El cielo tenía un color morado, como cuando está nublado, pero se veían las estrellas. Se veían muchas más de las que alguna vez había visto, generaban un brillo especial sobre el campo. No había oscuridad, podía distinguir todo claramente. Me sentí muy cansada, como esos días en que pasaba 16 horas fuera de mi casa, me quedé dormida pensando en cómo regresar… y si de verdad quería regresar.
Desperté cuando estaba amaneciendo. De a poco las estrellas desaparecían, algunas por la luz de día, otras por las nubes que empezaban a cubrir el cielo. Me quedé perdida mirando hacia arriba, y por primera vez no vi que las nubes estuvieran pasando sobre mí, sino que yo me estaba moviendo. Era muy relajante, pero sentía que no debía quedarme. Sentía inquietud por seguir caminando y ver qué encontraría.
Me despedí del eucalipto, y solo empecé a seguir de donde parecía venir la luz del sol. Luego de caminar horas, me pareció ver un punto morado en una especie de meseta. Era extraño y emocionante poder ver otro color distinto al verde. Al llegar hasta allá, vi a la flor. Una flor de color morado, muy pequeña. Pero que sus pétalos eran cilíndricos, como si hubieran enrollado cada pétalo para formar distintos tubos alrededor del centro generando un estilo parecido al de una margarita. Por adentro de cada cilindro el pétalo era amarillo, por lo que la flor parecía ser, si uno la miraba rápidamente, como si fuera muy simple, púrpura y con las puntas amarillas.
Me dio mucha felicidad estar en ese momento ahí. No se escuchaba ningún ruido de nuevo, y no podía saber cuánto tiempo llevaba ya contemplando la flor. Entonces miré alrededor, y me sorprendí al ver todo el campo lleno del mismo tipo de flor. En el horizonte además vi la silueta del álamo moviéndose por el viento, como si me estuviera saludando.
Es aquí a donde pertenezco.
domingo, 10 de abril de 2011
Crecimiento
Ayer, alrededor de las 8 de la noche me dispuse a escuchar toda la discografía de “La Oreja de Van Gogh” en orden. Partiendo por los 2 primeros discos, que los llegué a conocer cuando tenía como 13 años, sin embargo los hits ya los conocía desde más niña por escucharlos en la radio y la televisión. Escuchar la canción que, a pesar de ser triste, siempre me ha tranquilizado cuando lo necesito, la canción que sonaba cuando di el beso más tierno de mi vida, las canciones que compartíamos con mis amigos en el colegio.
Ya con el tercer disco, cada canción de ahí en adelante me recordaba partes de mi vida, algunas anécdotas, volvían sentimientos. Y así hasta que terminaron todos los discos fue como volver a crecer. Repasé las cosas más importantes, las sensaciones que viví mientras escuchaba esas canciones. Mi paso de la enseñanza básica a la enseñanza media, mi aislamiento de la sociedad, la depresión, el conocer otras personas, nuevas amistades. La confusión vocacional, mi graduación, el ingreso a la universidad.
Terminé recordando los días que me iba en el metro hacia la universidad, pensando en los ramos de cuando era mechona, las clases productivas de derecho, las pruebas de álgebra… Si que pasé por cosas estos últimos años... como he crecido aún sin darme cuenta… ¿Qué canciones me acompañarán ahora?