domingo, 12 de junio de 2011

Allunyament

Los ciclos llevan a que las cosas empiecen, de pronto van cambiando, desapareciendo, alejándose hasta que al parecer hubiera sido un sueño como si nada existiera. Apenas a veces ni siquiera logramos recordar.

¿Qué pasa cuando hacemos eso a propósito? Cambiar el curso de las situaciones, del destino como muchos dicen, por creer que no es lo correcto, por pensar que está haciendo daño, por sentir como si nos fuera hacer mal a nosotros o a otras personas. A veces es lo mejor, realmente evitamos sentimientos desagradables, o tal vez sin saberlo nos prohibimos de enormes alegrías.

Con las relaciones con otras personas suele pasar mucho. Los alejamientos comienzan sin darte cuenta. Pero hay veces en que las misma personas desean que así sea. Personalmente, me resulta bastante evidente cuando se hace a propósito. Al darme cuenta siempre he preferido hacerme la indiferente, como si no supiera la intención de romper el lazo. Es por algo que la otra persona así lo desea, aunque se extraña mucho cuando te das cuenta que ya desapareció y no hiciste nada por tratar de impedirlo, por seguir continuando las conversaciones o las juntas. En vez de hacer algo y reconocer de que lo único que necesitas a veces es ese apoyo aunque sea pequeño, por poco tiempo... simplemente te cambiaría tu estado de ánimo, te cambiaría ese día...

¿Y si las próximas veces no dejo que esto sea así?...

martes, 3 de mayo de 2011

My land!

Nunca escuché algún ruido esa mañana. El viento parecía ya no tener historias que contarme. Las hojas caían al pasto sin estar secas de los árboles que eran todos iguales. No había ni una sola ave que pudiera escuchar. Todo estaba en un completo silencio, como muchas veces la mayoría de las personas ha querido estar. Era perfecto. Demasiado perfecto.


Empecé a caminar para ver en qué punto terminaba. De a poco la cantidad de árboles se iba reduciendo hasta que ya no había ninguno. Sólo existía mucho pasto que parecía extenderse infinitamente. Seguí caminando casi toda la mañana sin tener ninguna referencia de ubicación. De lejos vi un árbol que me llamó la atención. Era un álamo. No era cualquier álamo, era igual al que estaba en frente de donde vivía antes. ¿Podía ser que fuera exactamente el mismo? Parecía ahora ser más pequeño, o sería mi perspectiva que tenía del árbol cuando era niña. Empezó una ligera brisa nuevamente, y ahí sentí el primer sonido después de horas. Era igual a como lo recordaba, esas tardes de verano en que me sentaba en la terraza a ver como el álamo se movía y sonaba como si fuera una suave lluvia. Me tranquilizó esa brisa que me recordaba esos tiempos donde todo era más simple. Me acerqué, y apenas me apoyé en él, la brisa se convirtió en un viento mucho más fuerte. Cerré los ojos, y al volver a abrirlos, el sol había ya cambiado de posición.


Decidí volver a caminar antes de que se me acabara el día. Me despedí del álamo, como no pude hacerlo antes cuando de un día para otro lo cortaron, y seguí adelante. Encontré pronto otro árbol con hojas de color morado oscuro, más pequeñas y alargadas. Era como un árbol de invierno, que representaba un aire frío. También ya había visto a ese árbol, pero no logré recordar su nombre. Estaba a una cuadra de donde vivía, en esas calles que uno toma como atajos para llegar de forma más rápida a la calle principal. Volví a caminar una media hora más, hasta llegar donde había un eucalipto, un poco torcido, algo descuidado. Y el verlo me dio una gran felicidad. El contraste entre los 2 árboles, tan distintos entre los 2, tan distantes uno del otro generaba una combinación que me cautivó.


Se estaba haciendo de noche. Ya tenía que regresar, pero no recordé el cómo volver. Empecé a caminar en dirección donde estaba el álamo. Pero después de un tiempo volví a encontrar con el eucalipto. Y al intentarlo, de nuevo volví hacia él. Como estaba perdida, y antes de desesperarme, decidí quedarme ahí hasta el otro día, no había nadie que me pudiera prohibir eso, y a nadie le preocuparía si no llegaba ese día.


El cielo tenía un color morado, como cuando está nublado, pero se veían las estrellas. Se veían muchas más de las que alguna vez había visto, generaban un brillo especial sobre el campo. No había oscuridad, podía distinguir todo claramente. Me sentí muy cansada, como esos días en que pasaba 16 horas fuera de mi casa, me quedé dormida pensando en cómo regresar… y si de verdad quería regresar.


Desperté cuando estaba amaneciendo. De a poco las estrellas desaparecían, algunas por la luz de día, otras por las nubes que empezaban a cubrir el cielo. Me quedé perdida mirando hacia arriba, y por primera vez no vi que las nubes estuvieran pasando sobre mí, sino que yo me estaba moviendo. Era muy relajante, pero sentía que no debía quedarme. Sentía inquietud por seguir caminando y ver qué encontraría.


Me despedí del eucalipto, y solo empecé a seguir de donde parecía venir la luz del sol. Luego de caminar horas, me pareció ver un punto morado en una especie de meseta. Era extraño y emocionante poder ver otro color distinto al verde. Al llegar hasta allá, vi a la flor. Una flor de color morado, muy pequeña. Pero que sus pétalos eran cilíndricos, como si hubieran enrollado cada pétalo para formar distintos tubos alrededor del centro generando un estilo parecido al de una margarita. Por adentro de cada cilindro el pétalo era amarillo, por lo que la flor parecía ser, si uno la miraba rápidamente, como si fuera muy simple, púrpura y con las puntas amarillas.


Me dio mucha felicidad estar en ese momento ahí. No se escuchaba ningún ruido de nuevo, y no podía saber cuánto tiempo llevaba ya contemplando la flor. Entonces miré alrededor, y me sorprendí al ver todo el campo lleno del mismo tipo de flor. En el horizonte además vi la silueta del álamo moviéndose por el viento, como si me estuviera saludando.


Es aquí a donde pertenezco.

domingo, 10 de abril de 2011

Crecimiento

Ayer, alrededor de las 8 de la noche me dispuse a escuchar toda la discografía de “La Oreja de Van Gogh” en orden. Partiendo por los 2 primeros discos, que los llegué a conocer cuando tenía como 13 años, sin embargo los hits ya los conocía desde más niña por escucharlos en la radio y la televisión. Escuchar la canción que, a pesar de ser triste, siempre me ha tranquilizado cuando lo necesito, la canción que sonaba cuando di el beso más tierno de mi vida, las canciones que compartíamos con mis amigos en el colegio.


Ya con el tercer disco, cada canción de ahí en adelante me recordaba partes de mi vida, algunas anécdotas, volvían sentimientos. Y así hasta que terminaron todos los discos fue como volver a crecer. Repasé las cosas más importantes, las sensaciones que viví mientras escuchaba esas canciones. Mi paso de la enseñanza básica a la enseñanza media, mi aislamiento de la sociedad, la depresión, el conocer otras personas, nuevas amistades. La confusión vocacional, mi graduación, el ingreso a la universidad.


Terminé recordando los días que me iba en el metro hacia la universidad, pensando en los ramos de cuando era mechona, las clases productivas de derecho, las pruebas de álgebra… Si que pasé por cosas estos últimos años... como he crecido aún sin darme cuenta… ¿Qué canciones me acompañarán ahora?

domingo, 27 de marzo de 2011

forgetting

Ojalá pudiera olvidar las pesadillas que aún tengo como antes lo hacía. Desearía no tener ninguna memoria sobre eso, recordar el antes, cuando era feliz. Todo el dolor debería desaparecer. Podría olvidar, como si fuera tan fácil, y seguir adelante, sin esas horribles imágenes que asaltan mi mente. El dolor simplemente estaba matando mi alma. Y con eso, las personas se empezaban a preocupar. Fue entonces cuando empecé a aparentar, aún cuando dentro de mí estuviera en crisis, y lo único que quería era poder desahogarme y expresar todo. Pero de a poco aprendes, y hoy es más fácil que el día anterior. Terminas ocultando el dolor tan bien que todos consideras que eres una persona muy alegre y optimista, como eras al principio. Si pudiera dejar todo atrás y que dejara de afectarme tanto. O si recordara como puedo olvidar.

… Forgetting all the hurt inside you've learned to hide so well…

sábado, 26 de marzo de 2011

Miedo

Siempre supe los peligros a los que me estaba exponiendo cuando me uní a la organización. Ya han pasado años desde el momento en que, por soledad y utilidad, comencé a ser parte de este secreto. Y a medida que el tiempo pasaba, los miedos que tenía a exponerme a esos riesgos todos los días iban desapareciendo. Ahora entiendo que como, en general no pasé por muchas situaciones complicadas, me acostumbré, y terminé por no asimilar a lo que realmente me enfrentaba. Lo entendía, pero nunca imaginé la magnitud de las consecuencias.


Todavía era una niña cuando todo partió. Con 13 años, lo importante era entrenarme para lo que venía en mi vida. De a poco mis sentimientos fueron desaparecieron, me obligué a no sentir nada para así no sentir dolor, no tener sufrimiento y no volver a llorar nunca. Dejé de darle importancia a los hechos, a mi vida, a las cosas básicas de la realidad. Las misiones que debía hacer eran básicas en ese entonces, mantener cualquier acción en secreto era muy simple, y la idea de estar teniendo una “vida” oculta paralela era incluso emocionante.


No me di cuenta como las cosas se fueron complicando. Cada vez sentía que mejoraba, pero también las misiones eran más arriesgadas, y definitivamente más largas. Fingir y ocultar se convirtieron, hasta hoy, en las acciones que más utilicé diariamente. Empecé haciéndolo para proteger a las personas que quiero, para alejarlos de cualquier daño. En algún momento, esa protección hacia ellos era una costumbre, existió un punto en que el aparentar se convirtió en una máscara que ya no podía controlar en ninguna de mis dos realidades. Cumplía perfectamente el objetivo.


Pero los sentimientos cuando vuelven, te nublan la racionalidad. Después de una mala organización del grupo, y un par de errores sucesivos, llegamos a la crisis en la que estamos. Ahora han existido mayores enfrentamientos, y el peligro ahora sí se materializó. Todo lo que alguna vez protegí podría ser destruido. Todos los miedos han vuelto, y con él, también las emociones que comprimí y que me confunden. No sé cómo reaccionar….


¿El daño está vez si sería irreversible? ¿Qué pasará si no logro que todo termine?.... Seguramente…. Pasará lo inevitable….


martes, 8 de marzo de 2011

Memoria

Es otoño. Ya está oscuro cuando salgo de mi casa. Ya está oscuro cuando regreso. No recuerdo que pasó ayer entre medio de la madrugada y la noche. Tal vez ese día el sol no quiso salir, para mostrarnos algo importante. Pero recuerdo vagamente un rayo de luz… demasiado nítido para ser una simple luz. Rompía con todo, no calzaba en ese momento, no lo entendía. Y ahora estoy tratando de descifrarlo y sólo sé que estoy triste.

¿Exactamente qué fue lo que pasó ayer? Hubo un llamado. Estaba hablando por celular cuando se cortó la luz en el metro… 3 minutos después apareció esa luz que generó un quiebre. No volví a sentir lo que pasó antes del corte. Algo importante había cambiado, algo chocante y perturbador. No hay otra forma de explicar las lágrimas

Hoy el sol está demasiado brillante, me recordó un día particular hace un par de años atrás. ¿Dónde estoy? Es imposible que no recordara este lugar, pero no sé el por qué o el cómo llegué acá.

Una simple frase me trae el flash back que explicaría toda mi confusión.

-Es hora de que yo pueda re-enamorarte.

sábado, 13 de noviembre de 2010

=(

Las personas nos sentimos incómodas al ver a alguien llorar. Sobretodo si es alguien desconocido que nos acompaña en los espacios públicos. O tal vez no nos incomodan, sólo que no sabemos reaccionar.


Recuerdo hace aproximadamente 2 meses un amigo que escribió sobre eso. Sólo una mirada de pena de alguien misericordioso que quisiera ayudar, pero no hace nada más. La misma semana en que lo leí, me pasó que me puse a llorar en el metro. Aunque no iba sola, esa sensación de que los demás se apartan de ti es horrible. Bien saben las personas que me conocen que siempre lloro sola, siempre niego lo que me pasa. Si me preguntan, siempre digo que no pasa nada. Si vuelven a insistir, vuelvo a decir lo mismo. Si no me creen, siempre existe una lista de excusas lista a decir: que tengo sueño, que estoy desconcentrada... Una lista que tiene un orden determinado a pasar de un argumento a otro como si yo fuera un programa computacional que pasa de un comando a otro. Todo con el fin de no representar que me pasa ¿Para qué? Antes por orgullo. Ahora porque las cosas que me afectan no son importantes. Porque no me gusta molestar a las personas. Y aún así, hay veces en que no puedo ocultar nada, como esa vez en el metro. Mi acompañante se tuvo que bajar en un par de estaciones más, y cuando quedé sola, ese vacío que te hacen las personas hace que no hagas contacto visual con nadie y desees desaparecer de ahí rápidamente.


Anoche cuando me despedí de mi amigo en la combinación del metro, y debía seguir sola me dieron ganas de llorar. Pero me controlé. Quedaban pocos minutos para llegar a mi casa. Pero el peso del mal día que había tenido me superó en le momento en que me acosté agotada. tal vez, después de todo no es malo representar que te sientes mal. Pero sería más fácil si todos no fuéramos tan individualistas.